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El impacto del gol de Cameron Burgess en el partido USA vs Australia

El gol madrugador de Cameron Burgess para USA cayó como un baldazo de agua helada en Enmore, pero lo que realmente heló el ambiente fue el silencio. En el Golden Barley, donde hasta entonces reinaban los cánticos, los abucheos y las bromas, de pronto se podía escuchar caer un alfiler.

El arranque había sido ruidoso, casi desafiante. Cada aparición de Mauricio Pochettino en la pantalla gigante desataba una oleada de silbidos. El sobrevuelo militar antes del saque inicial encendió aún más a una clientela que no se guardó nada. Pero el balón empezó a rodar, USA se adueñó de la posesión y el tono cambió. La fiesta se volvió preocupación.

El segundo gol, nacido de una decisión arbitral que los hinchas no perdonan, terminó de enfriar el ánimo. En la barra, uno amenazó con irse a casa antes del descanso. No lo hizo. Nadie lo hizo.

El pitido del entretiempo trajo su propio ritual: más pintas, más “party pies”, una carrera al baño y la fe, intacta, en los Socceroos. Quedan 45 minutos, se repiten unos a otros. Y, sobre todo, queda el nombre que todos quieren ver en pantalla: Nestory Irankunda.

“Esto no se ha terminado”, suelta un aficionado, casi como una orden. El bar asiente. A jugar.

Fed Square, lluvia y resistencia

A más de 700 kilómetros, en Melbourne, la escena es distinta pero el pulso es el mismo. Fed Square, empapada por una lluvia persistente, luce un mosaico de verde y dorado. Los que lograron entrar se lo han ganado: hicieron fila desde las dos de la madrugada para vivir el partido juntos, a la intemperie, bajo el dominio de USA en el marcador.

Hay bengalas que pintan el cielo, una pelota playera que va y viene sobre las cabezas y disfraces que desafían el mal tiempo. Mel, veterano de dos décadas viendo fútbol allí, se pasea con camiseta de los Socceroos y un disfraz que simula ir a caballito de Donald Trump. Se ríe, posa para fotos y no duda cuando le preguntan por el resultado: “Aussies, por supuesto”.

Para Madison Cambora es todo nuevo. Primera vez levantándose en plena madrugada para llegar a Fed Square. No se arrepiente, ni con el marcador en contra. “Ha valido la pena por la atmósfera”, admite, aunque mira la pantalla con gesto serio. “Espero que remonten. Espero cosas buenas, pero no pinta bien”.

USA manda, Australia sufre

Sobre el césped, la historia es clara. USA domina todos los registros: físico, mental, técnico. Ganan cada balón dividido, imponen el cuerpo, obligan a Australia al error constante. Parecen un equipo que juega con el viento a favor y con la convicción de que el partido les pertenece.

Desde el banquillo australiano, Paul Okon lo reconoce sin rodeos en SBS: encajar tan pronto no estaba en el guion. El calor pesa, la línea defensiva no consigue adelantarse lo suficiente para presionar el balón y el equipo se ve atado. “Es difícil”, admite. No quiere que sus jugadores rompan la estructura por desesperación. Pide compactarse, resistir, guardar piernas para golpear cuando recuperen la pelota. Y promete “piernas frescas” y velocidad tras el descanso.

La respuesta llega con los cambios. Saltan al campo Nestory Irankunda y Connor Metcalfe, héroes goleadores del fin de semana anterior, junto a Jason Geria. Se marchan Toure, Velupillay y el propio Burgess. Mathew Leckie se desplaza a la izquierda, Metcalfe ocupa el costado derecho. Es una apuesta clara: más vértigo, más desequilibrio, más amenaza.

El problema es que el escenario táctico favorece a USA. Tony Popovic sabe que no queda otra que salir a atacar, pero esa necesidad abre justo los espacios que el rival disfruta. Con el marcador y la confianza de su lado, los estadounidenses juegan sin miedo. Hasta ahora, no tienen nada de qué preocuparse.

Australia, en cambio, lo fía todo a esos “fresh legs” de los que hablaba Okon y al impacto de Irankunda, el chico al que medio país quiere ver cambiar la historia en 45 minutos.

En Sydney, en Melbourne, en cada pantalla encendida, la pregunta es la misma: ¿queda una remontada más en estos Socceroos o esta noche marcará el límite de sus milagros?