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Athlone Town alcanza su quinta final consecutiva de FAI Cup

Athlone Town ya no juega solo partidos. Juega capítulos de una dinastía. Las vigentes campeonas se metieron en su quinta final consecutiva de la FAI Cup tras sobrevivir a un duelo extenuante ante un valiente Galway United, decidido desde el punto de penalti, y se citan ahora con Shelbourne por cuarta vez en esta racha de finales.

Un inicio soñado… y un aviso de guerra

El guion parecía perfecto para las locales. A los nueve minutos, Alexis Strickland aprovechó el caos y dio a Athlone el arranque soñado. Un balón dividido tras una entrada de Niamh Farrelly en el centro del campo salió hacia su propia portería, pero Strickland leyó la jugada antes que nadie, forzó el choque entre la guardameta Amanda McQuillan y la defensora Jade Rehberger y cazó el rechace. Delicadeza cero, efectividad máxima.

Athlone llegaba sin su máxima goleadora de la temporada, Emma Doherty, autora de 14 tantos en todas las competiciones, ni Remini Tillotson, sancionada. Aun así, el vestuario local rebosaba seguridad: son el único equipo que ha derrotado al bloque de Lily Agg en liga y querían recordarlo otra vez.

Del otro lado, Galway, sin complejos. Solo una derrota en todo el campeonato y la clara intención de demostrar que no estaban allí para hacer de invitadas. El mensaje llegó pronto: Abbie Callanan cazó un balón en la frontal y soltó una volea magnífica que se estrelló en el exterior del poste con Maria Matthaiou clavada en la línea. Fue el primer aviso de que aquello no sería un paseo.

Gibson vuelve, Strickland amenaza

Athlone recuperaba a su estrella de banda, Madie Gibson, tras lesión, aunque seguía sin la máxima artillera liguera, Dana Scheriff. Pese a la carga de partidos —venían de superar a un joven y eléctrico Peamount United entre semana—, las locales no mostraron rastro de cansancio.

Gibson marcó el tono desde el inicio. Agresiva en la presión, robó en zona de creación rival y desató un tres contra uno que olía a gol. Soltó a Izzy Ryan por la derecha, con Strickland entrando sola por el centro. El centro de Ryan, demasiado fuerte. McQuillan, agradecida, se tiró encima del balón.

El perdón duró poco. La siguiente duda en la zaga visitante acabó en la red. Golpe, ruido, choque… y Strickland, siempre viva, para empujar.

El partido se convirtió entonces en una batalla de desgaste. Galway manejó algo más la posesión, pero sin poner realmente a prueba a Matthaiou. Athlone, en cambio, encontraba oxígeno cada vez que Strickland arrancaba al espacio. No había tregua, pero tampoco claridad.

Galway aprieta y encuentra la joya de Griffin

El descanso no enfrió a nadie. Con nada que perder, Galway salió del vestuario con otra marcha. Encadenó llegadas, probó desde lejos, empezó a ganar duelos. Por momentos, Athlone se vio empujado hacia su área.

Y justo cuando las visitantes parecían cerca del empate, Athlone rozó el 2-0. Una buena combinación por la izquierda terminó en un centro medido de Gibson al corazón del área. Strickland se elevó y cabeceó con potencia. El balón se estrelló en el larguero y salió despedido. El estadio contuvo el aliento.

El castigo llegó más tarde. Y fue precioso.

La suplente Cara Griffin recibió en el costado derecho del área, encaró, amagó el disparo, se acomodó y dibujó un golpeo perfecto, con rosca, directo a la escuadra lejana. Un golazo para enmarcar, a poco más de un cuarto de hora del final. Empate y partido nuevo.

Agonía, prórroga y penaltis

Con las piernas pesadas tras una semana de tres partidos, Athlone quiso evitar la prórroga a toda costa. Ryan y Hannah Waesch dispusieron de ocasiones claras en los últimos minutos, pero McQuillan se hizo enorme bajo palos. Dos intervenciones de portera grande, dos veces que Galway se aferró al sueño.

El tiempo extra mantuvo la misma intensidad, pero ya con menos lucidez. Ninguno de los dos equipos encontró el golpe definitivo. El desenlace quedaba condenado al punto de penalti.

Galway abrió la tanda. Los cuatro primeros lanzamientos de cada lado fueron impecables, ejecutados con frialdad en medio de un silencio espeso. Hasta que apareció el primer temblor: Isabella Beletic mandó su penalti por encima del larguero. Un suspiro de alivio en la grada local, un puñal para las visitantes.

Roisin Molloy no perdonó en su turno y puso el 3-2, cargando toda la presión sobre Galway. Ambas escuadras convirtieron sus siguientes lanzamientos. Y entonces llegó el momento decisivo.

Farrelly, protagonista involuntaria en el 1-0, se encontró frente a Matthaiou con la obligación de marcar para alargar la tanda. Disparó. La guardameta de Athlone adivinó, detuvo y desató la celebración. Después de más de 120 minutos de una batalla feroz, fue su mano la que selló el billete a otra final.

Una rivalidad que se repite

Athlone Town: Maria Matthaiou; Phoebe Hampson, Kelis Barton, Kayleigh Shine, Shauna Brennan; Melissa O’Kane (Emma Mooney 70’), Hannah Waesch; Izzy Ryan, Noelle Murray (Hazel Donegan 59’), Madie Gibson (Roisin Molloy 70’); Alexis Strickland (Chloe Singleton 90+2’).

Cinco finales seguidas de FAI Cup. Cuatro de ellas con Shelbourne enfrente. No es casualidad, es una era. Athlone ya ha demostrado que sabe sobrevivir al cansancio, a las bajas y a los golpes. Falta por ver si también sabe defender su trono una vez más, frente al rival que mejor conoce.