Análisis del Tottenham de De Zerbi: ¿Por qué no marcan?
Cuatro jornadas de Premier League y el marcador sigue a cero: Tottenham Hotspur y Coventry City son los únicos equipos que aún no han celebrado un gol. En el caso del conjunto londinense, el dato duele más: cerca de 320 millones de libras invertidos, buena parte en talento ofensivo, y ni una sola diana que llevarse a la boca.
Entonces, ¿qué está pasando con el Tottenham de Roberto De Zerbi?
Un plan reconocible, un contexto nuevo
El italiano no ha aterrizado en un desierto táctico. Llega con una idea muy definida, pulida en etapas anteriores y visible ya en estos primeros partidos, aunque el contexto de la Premier actual no sea el mismo que dejó cuando salió de Brighton en 2024.
Su sello se reconoce al instante: sus equipos invitan al rival a presionar. Lo hacen a propósito. Bajan el ritmo, circulan hacia atrás, parecen dormirse. Y justo cuando el contrario muerde, aceleran. El plan es simple en la teoría: atraer, abrir espacios a la espalda del primer bloque de presión y atacar esas zonas con pases verticales o conducciones potentes.
El propio De Zerbi lo explicó en un seminario de 2020: cuanto más fuerte es la presión rival, más vertical debe ser la acción. Cuantos menos defensores queden por detrás, más fácil es marcar. Esa lógica se ha visto ya en varios tramos de los partidos del Tottenham: delanteros recibiendo en espacios amplios, encarando a menos defensores.
El problema no está en llegar ahí. Está en transformar esa ventaja en goles.
El 2-3-2-3 y un equipo que aún aprende
Con balón, el dibujo de los Spurs es cambiante, pero suele reconocerse una estructura 2-3-2-3. Dos centrales, por delante un mediocentro —normalmente Rodrigo Bentancur— como ancla, y a partir de ahí un entramado de rotaciones entre extremos, laterales y centrocampistas.
La idea es clara: la forma se mantiene, las piezas se mueven. Si un jugador abandona su zona, otro la ocupa. Nadie debe dejar huecos sin dueño. Sobre esa base posicional, De Zerbi suma principios muy concretos de juego que ya funcionaron en su etapa en Marseille, donde su equipo promedió 2,3 goles por encuentro entre 2024 y 2026.
En Londres, esa versión aún no ha explotado. Pero el esqueleto del plan está ahí.
Para que los pases interiores funcionen, varias piezas deben encajar. El receptor tiene que estar cómodo recibiendo bajo presión, orientarse rápido, decidir mejor aún. No todos lo hacen igual. De Zerbi lo sabe y ha ajustado.
Sandro Tonali, por ejemplo, rinde mejor cuando puede correr hacia delante en espacios amplios. Por eso se le ha visto intercambiar posición con Archie Gray, que parte como lateral derecho. Es un matiz lógico: Gray, con 20 años, ha demostrado manejarse con cierta solvencia en espacios reducidos y, sobre todo, entender lo que le pide su entrenador.
La vuelta de James Maddison, reaparecido tras su lesión de hombro en el duelo de Carabao Cup en Anfield, es otra pieza clave. El inglés tiene más talento natural para operar entre líneas, en zonas congestionadas, y debería ayudar a que el Tottenham acceda con más frecuencia a zonas de ataque peligrosas.
Todo esto exige algo que no se compra con 320 millones: tiempo. Tiempo para interiorizar órdenes nuevas. Tiempo para desaprender hábitos anteriores.
De las bandas al centro: cambiar el chip
El contraste con el pasado reciente es evidente. Con Thomas Frank al inicio de la temporada pasada, el Tottenham evitaba el centro del campo como si quemara. La salida de balón se volcaba en las bandas, saltando casi por completo la zona central para minimizar el riesgo de pérdidas en esa franja.
De Zerbi pide justo lo contrario. Quiere riesgo en el centro. Quiere valentía en zonas congestionadas. Quiere que sus futbolistas se atrevan a jugar donde otros despejan.
No es un cambio menor. Y se nota.
El equipo consigue con frecuencia superar la primera línea de presión y aparecer por detrás del mediocampo rival tras acelerar justo después de ser presionado. La construcción es buena. La ejecución final, no tanto.
El cuello de botella: el último pase
Ahí está el gran atasco del Tottenham: el último pase. No tanto por incapacidad técnica, sino por toma de decisiones.
Hay tres momentos clave. Primero, reconocer cuál es el mejor pase disponible. Segundo, que el movimiento de los jugadores de arriba ofrezca esa línea. Tercero, ejecutar el envío con precisión.
De momento, el mayor problema está en el primer paso: demasiadas veces los futbolistas no ven —o no se atreven a jugar— el pase al espacio. Las rupturas están, las decisiones no siempre.
Los desmarques de Omar Marmoush son un buen ejemplo. El egipcio ataca bien la espalda, elige bien los tiempos, pero los balones en profundidad no llegan con la frecuencia que sugiere su movimiento. Archie Gray ha intentado activar carreras por banda, pero por dentro el Tottenham ha sido mucho más tímido.
La figura de Pedro Porro puede ser decisiva aquí. Este verano, con su selección, jugó más por dentro y demostró una gran capacidad para generar ocasiones desde posiciones interiores. Si tras su regreso mantiene esas tendencias en el Tottenham, encaja como anillo al dedo en la idea de De Zerbi y puede aumentar el volumen y la calidad de los pases definitivos.
En Marseille, esa agresividad en el último pase se traducía en un torrente de ocasiones. El reto es replicarla en el norte de Londres.
Udogie, Robertson y la banda izquierda
El otro foco está en el costado izquierdo. En el reciente duelo de Carabao Cup ante Liverpool, Destiny Udogie firmó un partido muy revelador. Cuando el encuentro se abrió, su potencia y su lectura del espacio castigaron a un rival desorganizado. Llegó a zonas de centro con frecuencia y permitió al Tottenham amenazar desde el costado.
Andy Robertson, que ha rendido a buen nivel desde su llegada, ofrece otro perfil. Más control, más oficio, pero menos impacto físico en campo abierto que Udogie. La alternancia entre ambos, según el tipo de partido, puede ser una de las palancas de De Zerbi para desbloquear defensas.
Cuando un equipo acelera, el rival suele replegar de golpe, casi por instinto, para proteger el área. Ese movimiento genera un vacío delante de la defensa, ideal para la llegada de centrocampistas desde segunda línea o para delanteros que retroceden unos metros y reciben sin marca.
Marmoush ha intentado explotar ese espacio, cayendo atrás para ofrecerse, pero no siempre ha sido encontrado. A veces por falta de sincronía, a veces por limitaciones técnicas de quien tiene que dar el pase.
Savio también entra en este debate. Extremo zurdo jugando a pie cambiado en la derecha, llega con facilidad a la línea de fondo, pero sufre más para poner buenos centros con su pierna menos hábil cuando debe frenar y jugar hacia atrás. Al otro lado, tanto Udogie como Robertson, también zurdos, han generado ocasiones más claras con centros más naturales.
En Marseille, el escenario era distinto: extremo derecho y lateral derecho eran diestros y dominaban el arte del pase atrás desde línea de fondo. Y en el área esperaba un especialista: Pierre-Emerick Aubameyang, con 37 años, pero con un movimiento en el área todavía de élite.
Detalles que separan el “casi” del gol
Visto en conjunto, el Tottenham no es un equipo sin ideas ni sin llegadas. Es un equipo que se queda a medio metro, a medio segundo, a medio pase. Muchas jugadas están “casi” bien: la atracción de la presión funciona, la aceleración posterior también, los espacios se generan. Falta el remate del plan.
Eso no significa que el sistema vaya a encajar de inmediato. Ni que deba hacerlo. El éxito de esta propuesta depende en gran parte de la calidad de los ejecutores. En Marseille, los atacantes eran finalizadores excelentes, especialistas en castigar espacios abiertos. En Londres, el reparto de roles aún se está escribiendo.
Pero el guion es reconocible. Si el Tottenham ajusta esos pequeños detalles —el pase que se atreve, el centro que elige mejor, la sincronía entre el que corre y el que mira— las ocasiones deberían llegar en volumen suficiente.
Y cuando un equipo genera de verdad, el cero en el casillero dura poco. La cuestión es cuánto tiempo más puede esperar un club que ya ha pagado la factura de un ataque de lujo para ver, por fin, la primera celebración en la Premier.






