Álvaro Fidalgo y su emotivo gol en el Mundial
CIUDAD DE MÉXICO — Álvaro Fidalgo levantó la vista con los ojos vidriosos, señaló al cielo con las dos manos y murmuró: “Te amo mucho, abuelito. Te amo mucho”.
El Estadio rugía por el 3-0 de México sobre Czechia, un marcador que ya quedará archivado como una noche histórica. Para Fidalgo, sin embargo, el ruido se apagó por unos segundos. Solo quedaban él, el balón y un recuerdo.
La jugada que selló la victoria nació por la banda derecha. Santiago Giménez arrancó hacia el área, encaró, se abrió espacio y soltó el disparo. Matej Kovář, atento, rechazó como pudo. El rebote cayó a los pies de Roberto “El Piojo” Alvarado, que no se desesperó. Levantó la cabeza, vio a Fidalgo llegar desde atrás y le sirvió el balón en la frontal.
De primera, sin pensarlo, el asturiano impactó de volea. El tiro salió tenso, envenenado, inalcanzable. Kovář se lanzó, pero solo pudo acompañar con la mirada cómo la pelota se clavaba en el ángulo superior izquierdo.
Gol. Gol de México. Gol de Álvaro Fidalgo. Gol de Mundial.
Y, para él, gol de abuelo.
“Perdí a mi abuelo hace dos meses”, explicó después, en español, ya con la voz más serena. “Todo el mundo sabe lo que significa mi familia para mí. Lo que son mis abuelos para mí. Me acordé de él en una situación como esta, con un gol en el Mundial para todo el país. Estoy feliz por la victoria, por ayudar al equipo. Fue una noche de ensueño para todos”.
Detrás de ese derechazo hay años de repeticiones, de tardes frías en Asturias, de consejos que se volvieron hábito. Rafael Fidalgo Ciprés, exfutbolista de la segunda división española con UP Langreo, Real Oviedo y Caudal Deportivo, vio muy pronto que su nieto era distinto. Que siempre tenía un balón pegado al pie. Que podía pasar horas chutando, una y otra vez, hasta llegar, según su propio cálculo, a 100 o 200 disparos diarios.
Rafael solía bromear que Álvaro parecía capaz de regatear dos veces al rival y marcar desde el momento en que nació. Pero detrás de la frase había una certeza: el talento estaba ahí, solo había que pulirlo.
Él asumió esa tarea.
“Soy como soy, un 90% por mi abuelo, en términos de fútbol”, contó Fidalgo en su documental con Claro Sports. “Era todo fútbol, fútbol, fútbol. Cualquier cosa que no fuera fútbol no existía. Nada más. Desde pequeño me decía: cuídate, la nutrición, el descanso. Me lo inculcó desde que tenía ocho, siete o seis años”.
En Noreña, ese municipio asturiano donde el fútbol se mezcla con la vida diaria, el pequeño Álvaro pasaba la mayor parte del día con Rafael en el Condal Club. Entrenaban, repetían movimientos, corregían detalles. Cuando terminaban ahí, el abuelo lo llevaba a la orilla del río para seguir golpeando el balón, una y otra vez, como si el mundo se redujera a mejorar el siguiente control, el siguiente disparo.
Y cuando no tocaba ir al club ni al río, tocaba el patio delantero de la casa. Pared, toque, control. Pared, toque, control. Hasta el cansancio. O hasta que el abuelo quedara satisfecho.
“Siempre estaba encima de él”, reconoció Rafael. “Y él respondía”.
En el césped mundialista, con la camiseta de México pegada al cuerpo y el país entero conteniendo el aliento, Fidalgo respondió otra vez. A su manera. A la manera que le enseñó su abuelo.
Ese gol no solo cerró una noche cargada de emoción familiar en un momento duro para los suyos. También le puso el candado a una fase de grupos perfecta para El Tri: tres partidos, tres victorias, 3-0-0 por primera vez en las 18 participaciones mundialistas de México. Un registro que habla de solidez, de madurez y de algo más difícil de medir: carácter.
El 3-0 ante Czechia no dejó espacio para dudas. México mandó, golpeó cuando debía y supo cerrar el partido con oficio. El tanto de Fidalgo, en los últimos minutos del tiempo añadido, no solo fue un gesto de contundencia; fue una declaración de intenciones. Este equipo no se conforma con administrar ventajas. Quiere ir por todo.
Y el propio Fidalgo lo dejó claro al abandonar la cancha todavía con la adrenalina a flor de piel: “Sacamos nueve puntos; estamos todos muy contentos pero ahora viene la parte importante. Ahora viene la ronda de 32. Tenemos que seguir a este nivel, mantenerlo como equipo y de partido a partido”, advirtió. “Vamos juntos, cargando los sueños de todos”.
La fase de grupos ya es historia. La volea al ángulo quedará en la memoria de su familia y en los archivos del fútbol mexicano. Lo que viene ahora es otra cosa: partidos de vida o muerte, donde un control defectuoso o un destello de talento cambian un Mundial.
Fidalgo llega a esa instancia con un gol, un recuerdo y una promesa íntima cumplida. México, con nueve puntos y la sensación de que esta vez, quizá, el techo está un poco más arriba.






